Memoria
Mi padre: de aquí no me voy
Relato adaptado de las conversaciones con el autor. Redacción propuesta, pendiente de revisión del autor.
Mi relación con mi padre fue complicada. En los años de primaria estuvo muchas veces ausente. Recuerdo una promesa: si lograba el primer puesto, me compraría una bicicleta. Conseguí el diploma. Él estaba ebrio y no reconoció el logro ni cumplió lo prometido.
Cuando regresaba a casa tomado, había gritos y peleas con mi madre. No estuvo borracho todo el tiempo, pero ocurrió lo suficiente para dejar recuerdos. Y cuando yo estuve hospitalizado de niño, no fue a visitarme. Decía que seguramente me mejoraría.
Después sufrió una caída y una fractura en la columna. Lo llevé al hospital y me quedé desde el primer día. Fueron aproximadamente tres meses. No me fui esperando que me llamaran: estuve allí.
Cuando bebía, repetía que, cuando ya no sirviera, lo echarían como a un perro. Durante su hospitalización, esa frase formaba parte de lo que yo recordaba. Quizá también quise demostrar que no iba a actuar como él. Y, al mismo tiempo, era mi padre.
El día anterior a su muerte lo vi de buen ánimo. En sus ojos había calma, incluso felicidad. Al día siguiente, alrededor de las dos de la tarde, el hospital llamó para comunicar que había fallecido.
La historia que quiero escribir admite esas contradicciones. El dolor de lo que faltó y la decisión de acompañarlo estuvieron en la misma vida.